Canelo murió por defenderla… y así nació Buenos Chicos, un refugio que ha salvado más de 3 mil vidas
- Entre abandono y esperanza: historias reales
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Francisco Obrayams Villalobos Ávila
Hablar de Buenos Chicos no es solo contar la historia de un refugio; es abrir el corazón y recordar de dónde nace la verdadera vocación de ayudar.
Este proyecto comenzó por la necesidad de mi madre, Fabiola Ávila Núñez, de tener un espacio digno para los perritos que rescataba día con día. Ella solía contar cómo, cada mañana cuando iba rumbo a su trabajo, llevaba en su bolsa un kilo de croquetas y un sobre de alimento. Siempre pensaba que, quizá, esa sería la última comida que esos perros tendrían.
En su bolsa también cargaba platos de plástico para servirles comida antes de tomar el camión. En ese entonces, era maestra de artes en escuelas de bajos recursos, una de sus dos grandes pasiones.
Un día, un perrito llamado Canelo, que siempre la acompañaba en la parada del transporte, cambió su vida para siempre. Mientras esperaba el camión, fue víctima de un asalto. El agresor portaba una navaja, pero Canelo no dudó en defenderla. Lo mordió, pero el atacante respondió hiriéndolo gravemente.
La gente observaba, indiferente. Mi madre, desesperada, lo cargó sin importar que su ropa se cubriera de sangre. Caminó hasta encontrar la primera veterinaria. Era fin de quincena y no tenía recursos suficientes, pero hizo todo lo posible: vendió sus pertenencias, preparó gelatinas, buscó ayuda… Sin embargo, no fue suficiente. Canelo falleció debido a las heridas y la pérdida de sangre.
Ese momento marcó un antes y un después.
Poco tiempo después, conoció a una persona que traspasaba un refugio. Sin dudarlo, tomó la oportunidad. Su propósito era claro: que ningún perro volviera a sufrir lo que vivió Canelo y que, si encontraba a uno en situación vulnerable, tuviera un lugar seguro donde ser cuidado y amado hasta encontrar una familia.
El camino no ha sido fácil. Para sostener el refugio, vendía pasteles, gelatinas, tenis, e incluso recurría a préstamos. Ha enfrentado casos profundamente dolorosos: perros maltratados, mutilados, víctimas de violencia extrema. Aun así, nunca dejó de luchar por “sus niños”, como ella los llama.
Durante muchos años, solo contó con el apoyo de sus hijos biológicos, Grecia Ávila y quien escribe estas líneas, Obrayams Ávila. Dormíamos en el suelo, sobre colchas, acompañando a los perritos para asegurarnos de que estuvieran bien. Hubo noches enteras sin dormir, alimentando cachorros que habían perdido a sus madres, muchas veces envenenadas.
En ocasiones, ni siquiera alcanzaba para el transporte de regreso a casa. Esas noches, hacíamos fogatas y compartíamos lo poco que teníamos. Cocinábamos pollo para prepararles caldo con arroz y menudencias. Esos momentos difíciles se convirtieron en los más valiosos.
Hoy, después de 15 años de lucha, Refugio Buenos Chicos ha logrado dar en adopción a más de 3 mil perritos. Actualmente, alberga a alrededor de 240, incluyendo adultos mayores y perritos con discapacidad.
El sueño sigue siendo el mismo: construir un paraíso donde cada uno de ellos pueda vivir seguro, amado y digno. Porque cuando en Guadalajara se les dio la espalda, nosotros decidimos ser su hogar… y eso es algo que jamás vamos a abandonar.
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