No es apología ¡es violencia!
- ¡Ahí les voy!
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Leonardo Schwebel
La apología de la violencia es un tema que ha permeado diversos aspectos de la sociedad mexicana, desde la política hasta la cultura popular. Un claro ejemplo de esto es el saludo del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador a la madre de un criminal, un gesto que nunca se extendió, por ejemplo, a las madres buscadoras de desaparecidos. Este tipo de acciones, junto con frases como “abrazos, no balazos”, contribuyen a una narrativa que parece normalizar la delincuencia.
La liberación de criminales buscados también se suma a esta apología mostrando cómo incluso los gobiernos participan en un discurso que glorifica al narcotráfico. La narcocultura se ha infiltrado en la música, las telenovelas, las series y los videojuegos, presentando a los malhechores como héroes.
En una reciente entrevista con Telediario, el especialista Alfonso Partida Caballero, de la Universidad de Guadalajara, señaló que en Jalisco no hay un solo procesado por alguna apología semejante, a pesar de que está contemplado en el artículo 142 del Código Penal del Estado. Esto demuestra una falta de aplicación de la ley que perpetúa el problema.
Es importante reconocer que para que un grupo musical de este tipo y otros se presente, hay acuerdos, negociaciones y un equipo que organiza giras a nivel nacional y Estados Unidos. Esto implica un aparato completo detrás de estos artistas, y si se quiere abordar el problema es necesario investigar a estas organizaciones.
Además, el entorno en el que se presentan estos grupos también es preocupante. Palenques, ferias de pueblo, fiestas patronales, jaripeos y hasta torneos de fútbol forman parte de una industria que, en ocasiones, avala estas presentaciones.
En administraciones pasadas, se realizaron declaraciones que podrían considerarse apología de actividades criminales. Estamos en esta situación porque se ha permitido la difusión de estos contenidos en diversos medios. Sin embargo, incluso si se prohibieran, es probable que la gente continuara consumiéndolos y los delitos seguirían ocurriendo.
La apología de la violencia no es solo una canción; es un problema sistémico en un país donde cometer delitos parece estar protegido por un sistema que necesita urgentemente una revisión.
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