A 33 años de las explosiones del 22 de abril en Guadalajara, José recuerda cómo salvó a 15 personas
José Hernández usó sus manos para remover piedras y escombros, antes de que llegaran las herramientas.
Han pasado 33 años desde una de las tragedias más devastadoras en la historia reciente de México: las explosiones del 22 de abril de 1992 en la colonia Analco, en Guadalajara. Sin embargo, para José de Jesús Hernández Olvera, uno de los tantos rescatistas que acudieron al lugar, los recuerdos siguen tan presentes como si todo hubiese ocurrido ayer.
José se enteró de lo que estaba pasando mientras viajaba en transporte público por la avenida Circunvalación. En medio del trayecto, la noticia comenzó a circular entre los pasajeros. Poco después, fue contactado desde su lugar de trabajo en la Torre de Especialidades, donde le informaron que se requería apoyo urgente. Sin dudarlo, acudió al centro de trabajo y desde ahí partió directamente hacia el lugar de los hechos.
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Al llegar a la calle de Gante, José se encontró con un escenario de caos y destrucción. En ese momento aún no contaban con herramientas de rescate, por lo que comenzó a remover piedras y escombros con las manos.
"No había palas, no había picos, removíamos el escombro con las manos, y después hicimos una cadena humana para retirarlo", recuerda.
José salvó la vida de 15 personas, entre ellas niños, jóvenes y adultos mayores
La situación era crítica. Apenas una hora después de las explosiones, José ya estaba entre los primeros en responder. A lo largo del día, logró rescatar al menos a 15 personas entre niños, jóvenes y adultos mayores. La menor de ellas tenía aproximadamente 11 años. Algunos sobrevivientes fueron llevados a ambulancias, otros eran trasladados en camionetas pickup o vehículos particulares hacia distintos centros médicos.
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“Lo principal era que lloraban de felicidad”, cuenta José, recordando especialmente el momento en que lograron liberar a una persona atrapada bajo una losa. Detectaban dónde escarbar al observar movimiento entre la tierra y el polvo.
“Sacamos a la gente llena de escombros, con fracturas expuestas, cubiertos de tierra. Estuvimos ahí desde las once y media de la mañana hasta casi las once de la noche”.
Una imagen se le quedó grabada como ninguna otra: los vehículos lanzados por la explosión.
“Lo más impresionante fue ver carros arriba de las azoteas, camiones volteados… uno se imaginaba la magnitud de la explosión con sólo ver eso”.
A más de tres décadas del desastre, José de Jesús Hernández Olvera sigue recordando con claridad el dolor, el esfuerzo y la solidaridad que marcaron aquel 22 de abril. Su testimonio es un recordatorio del valor humano en medio de la tragedia, y de la importancia de no olvidar uno de los episodios más dolorosos en la historia de Guadalajara.
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